“Un cajón
de sastre, un lugar donde escribir, donde vomitar los sentimientos que se nos
vienen a la mente y los acontecimientos que nos duelen con fuerza, con rabia,
con dolor…”
De vez en cuando es interesante pararse y reflexionar acerca
de los referentes en el mundo del periodismo que nos marcan en el ejercicio de
la profesión periodística; de los
típicos tópicos, aquellos periodistas inalcanzables que se convierten en mitos;
y de aquellos de carne y hueso, periodistas de verdad que marcan tu carrera y
tu vida hasta tal punto que cada día te acuerdas de todo lo que te han enseñado.
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| Iñaki Gabilondo y Carlos Herrera, dos grandes referentes del periodismo contemporáneo juntos en una entrega de premios |
Por un lado estaba el gran Iñaki Gabilondo, la
voz de la Cadena Ser, un periodista comprometido y pasional; por otro estaba
Carlos Herrera, buque insignia de Onda Cero, un comunicador diferente, transmisor de las pequeñas cosas; y más allá, un
poco más lejos y en forma de mito, aparecía Ryszard Kapucinski, el gran padre
del periodismo contemporáneo, cuyas obras y escritos son de obligada lectura
para cualquier periodista y para cualquier persona que esté en el mundo…
El uno de julio de 2009, acababa
de concluir mi tercer año en la universidad, todos esos mitos cayeron de un
plumazo. Ese día comenzaban mis primeras prácticas profesionales en la emisora
que Onda Cero tiene en Ciudad Real, mi tierra. Estaba un poco nerviosa, eran
las nueve de la mañana, subí a la sexta planta, donde estaban los estudios y en
la puerta, una mujer muy guapa, alta,
delgada y con una presencia imponente y cargada de fuerza fumaba mientras
escuchaba la radio. “Es que a la jefa no le gusta que fume dentro”, me dijo. Yo todavía no lo sabía, pero a partir de ese
día, ese rincón en la puerta de los estudios se convertiría en lugar de charlas
y confidencias. Se presentó, Silvia se llamaba. Me dijo que era la editora del
magacine “Ciudad Real en la Onda” que todos los días se emitía de doce y media a
dos menos cuarto. Una hora y cuarto de radio en directo, de radio en estado
puro de la que solo ella se encargaba. Acto seguido y sin miramiento alguno me
mandó a la calle: “Tienes que hacer un reportaje sobre las rebajas, para las
doce y media tiene que estar listo, lo vamos a emitir en directo, lo vas a
locutar tú y tiene que ser diferente a lo que siempre se hace”.
En ese momento, toda la teoría
periodística que había aprendido a base de estudio en la universidad incluida
“la pirámide invertida” se desplomó ante mí. ¡No sabía cómo empezar! Después de
nervios y agobios, ese primer día acabé feliz, por primera vez en mi vida me
sentí periodista, Silvia me había tendido la mano, sin dudarlo, para que
ejerciera el periodismo de verdad, no el que se enseña en la universidad.
Ese día sólo fue el principio, después se
sucedieron reportajes, entrevistas, charlas y tertulias, conexiones en directo,
noticias y reportajes en el regional, alguna aparición en los informativos
nacionales, cuñas radiofónicas… Creo que a su lado trabajé todas las facetas
periodísticas que hay… Cada día, cocinábamos una gran cantidad de piezas que
salían del horno de nuestra emisora y que llegaban a los hogares manchegos a
través del micro que compartíamos, a través de nuestro micro, a través del micro que ella generosamente me dejó…
Ella confió en mí desde el primer
instante. Desde el momento en que me vio entrar por la puerta mientras fumaba
ese cigarrillo y devoraba la actualidad de las ondas de aquel 1 de julio de
2009, Silvia me trató como una colega, como una profesional más, algo que muy
pocos periodistas están dispuestos a hacer, y menos cuando sólo tienes 20
años. Y es que, como he podido comprobar
después, existe cierta tendencia en el gremio a marcar las distancias cuando
llega “el becario”. La humildad era su
bandera, porque Silvia era periodista, no otra cosa.
Su criterio periodístico era inigualable, sus
métodos de trabajo impresionantemente efectivos, su capacidad de salir adelante
ante la adversidad diaria (lascosashoynosalenlaconexiónsenosvaendirectonotenemostécnicodesonido)
inmensa… A partir de ese día, 1 de julio de 2009, Gabilondo, Herrera o Kapucinski dejaron de ser superhéroes y ella
sí se convirtió en SúperSilvia, por
miles de de razones difíciles de resumir.
| Junto a Silvia en los estudios de Onda Cero Ciudad Real en verano de 2010 |
Silvia ha sido la persona que más (y mejor) me ha enseñado en
mi carrera hacia el ejercicio de la profesión periodística. Tuve la enorme
suerte de compartir el día de día de 5 meses de mi vida personal y profesional con ella y tres
años de vivencias, llamadas, charlas y consejos. Jamás he visto a nadie con tanta pasión
por su trabajo, con tanta convicción por ofrecer un servicio público a la ciudadanía
a través de las ondas, con tanto interés por hacer las cosas de la mejor
manera, a pesar de todo. Con muy poco, con casi nada, era capaz de hacer
enormes cosas, y eso sólo lo saben hacer los que son MUY GRANDES. Por eso, ella se convirtió aquel 1 de julio de 2009 en el espejo en que mirarme.
Hoy era el cumpleaños de Silvia.
El pasado domingo un accidente de tráfico acabó con la voz que acompañaba todas
las mañanas a los ciudadrealeños a través de las ondas, con una de las voces más bonitas que yo he escuchado nunca.
GRACIAS SILVIA


Alma, está escrito con mucha sensibilidad y con gran estilo. ENHORABUENA Y SIENTO LO DE TU COMPAÑERA. UN ABRAZO.
ResponderEliminarAlma, es una reflexión muy sentida. Un gran homenaje a una buena maestra. Descanse en Paz. Un abrazo
ResponderEliminarLos pelos de punta se me han puesto al leerlo. Desde ahí arriba estará tan orgullosa de ti como siempre y como estamos los que confiamos en ti.
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